Incineración de residuos

Las incineradoras de desechos orgánicos sólidos son un sistema de tratamiento de la basura que consiste en quemar a altas temperaturas los desechos sólidos, reduciendo su volumen un 90% y su peso hasta en un 75%. De esta combustión resultan cenizas, escoria o residuos inertes y gases tóxicos.

Una de las grandes ventajas es que esos residuos quemados se utilizan como energía en forma de calor.

Sin embargo las incineradoras requieren un coste elevado en sentido económico y por ello no todos los países tienen la posibilidad de trabajar con incineradoras, de modo que son usadas normalmente por países desarrollados que tienen suficientes recursos económicos para desarrollar estas tecnologías para el tratamiento de la basura.

Otros de los inconvenientes que tienes son:

  • Altos costes de explotación
  • Sistema de tratamiento de gases complejo y costoso
  • Las cenizas son altamente tóxicas y necesitan un vertedero especial
  • tiempos de preparación del proyecto y de construcción bastante largos
  • Viable únicamente a gran escala.
  • Rechazo social

Cabe mencionar también que antes de recurrir a la incineración de la basura, es una buena opción apartar todos los elementos que son posibles de reciclar. De esta manera estaremos utilizando inteligentemente el recurso de las incineradoras de desechos sólidos orgánicos y a la vez cuidando la naturaleza.

Fuente:  Wikipedia


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GRUPOS ANTI-INCINERACIÓN

Estos enlaces también aparecen en el menú de la izquierda:


OPINIÓN DE LA PLATAFORMA ALBENTOSA NATURAL

En Aragón está prohibida la incineración de residuos, pero eso puede cambiar en cualquier momento. Quedan pocas comunidades en las que no esté permitida esta práctica.

Ante el indiscutible Cambio Climático y el desprestigio internacional que sufre la industria incineradora, la “coincineración” nos la quieren vender con eufemismos como “Valorización Energética”.

Se fomenta que las cementeras se reconviertan en plantas
incineradoras, ganándose la categoría de empresas verdes y aumentando sus beneficios económicos:

– Cobran por los residos que incineran (neumáticos, disolventes, basuras…)
– Ahorran el presupuesto del combustible.
– Añaden las cenizas resultantes al cemento, aumentando así el volumen producido.

El horno de la cementera que se instalaría en Albentosa consumiría Coke de petróleo, lo que la hace perfecta para cambiar de combustible en cuanto se autorice en Aragón.

Plataforma Albentosa Natural



CEMENTERAS: PEOR QUE LAS INCINERADORAS.
España es el país que más cemento consume per cápita del mundo. Según el Ministerio de Medio Ambiente, en el territorio español existen 12 incineradoras de residuos municipales, pero no dice que hay 39 cementeras que en mayor o menor medida utilizan como combustible distintos residuos como aceites, neumáticos o blending, un carburante obtenido a partir de los residuos. Al convertirse los cementeros en gestores de residuos entran en competencia desleal con alternativas de gestión más sostenibles ambientalmente y por tanto, más caras, basadas en la reducción, la reutilización, la recuperación y el reciclaje. Además, las fábricas de cemento no deben someterse a unas normas tan estrictas como las que rigen las emisiones de las incineradoras, por lo que son más contaminantes.

Hay alternativas.

– La incineración de residuos está prohibida en el Condado de Alameda, una de las regiones más importantes de California, cuyo desarrollo tecnológico no puede considerarse atrasado precisamente.

– El grupo francés del sector alimentario Bonduelle declara que para su suministro de verduras “están prohibidas las zonas de cultivo bajo influencia de actividades contaminantes”. El primero de estos puntos negros, según Bonduelle, son las incineradoras.

– En 2001, Irlanda consumía 1.000 millones de bolsas de plástico anuales. En 2002, el ministerio de Medio Ambiente introdujo un impuesto de 0,15 € por bolsa y el consumo se redujo de golpe en un 90%.

– En 1989, el estado de Massachussets (EE UU) dictó una ley que exigía que la industria evaluara su potencial de reducción de residuos en origen. En diez años Massachussets consiguió reducir a la mitad su producción de residuos tóxicos al tiempo que las empresas recortaban significativamente sus gastos de tratamiento de residuos.

– Ni siquiera los residuos hospitalarios necesitan ser incinerados. El hospital de Roubaix, uno de los más grandes de Francia, trata sus residuos en autoclave (vapor de agua y presión) para desinfectarlos.

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10 RAZONES PARA DECIR NO A LA INCINERACIÓN

1- Los incineradores por etapas emiten una cantidad de tóxicos similar a los hornos convencionales de incineración en masa.

2 – Los límites de emisión fijados para los incineradores (incluyendo los incineradores en masa, por gasificación, pirólisis y plasma) no garantizan que las emisiones sean seguras. Por otro lado, las emisiones de los incineradores no se miden de forma suficiente y, por ende, los niveles totales de emisión que se reportan pueden ser falaces. Además, los límites no siempre se hacen cumplir.

3 – Los incineradores por gasificación, pirólisis y plasma tienen antecedentes nefastos, plagados de problemas operativos, explosiones y clausuras.

4 – La incineración por etapas es incompatible con el reciclaje; los incineradores por gasificación, pirólisis y plasma compiten con los programas de reciclaje por los mismos recursos financieros y materiales. La incineración también atenta contra los esfuerzos orientados a minimizar la producción de materiales tóxicos y no reciclables.

5 – Los incineradores por etapas suelen ser más costosos y tienden a implicar un mayor riesgo financiero que los incineradores convencionales.

6 –  Los incineradores capturan una baja cantidad de energía de forma ineficiente destruyendo recursos cada vez más escasos. Los incineradores por gasificación, pirólisis y plasma son incluso menos eficientes

7 – Incinerar materiales desechados conduce al agotamiento de recursos y en muchos casos daña de forma permanente el ambiente natural.

8 – Las tecnologías de incineración por etapas contribuyen al cambio climático, e invertir en ellas atenta contra soluciones verdaderamente amigables para el clima.

9 – Todos los incineradores, cualquiera que sea su tipo, tienen altos costos de inversión, pero generan relativamente pocos empleos en comparación con los programas de reciclaje y compostaje.

10 – Desperdiciar recursos naturales valiosos en incineradores y rellenos es evitable e innecesario.

Fuente: GAIA




Evidencia científica de los graves riesgos de la quema de las basuras

Incineración de residuos y salud

Pierre-Emmanuel Neurohr

Fuente: Revista “El Ecologista”
El autor describe la situación en Francia, país que cuenta con más de 150 incineradoras de residuos municipales –frente a las 12 existentes en España–. Para nuestra desgracia, la mayor parte de los problemas se pueden extrapolar de forma directa a nuestra situación.
Antes de empezar, conviene aclarar que las informaciones contenidas en este artículo se basan en referencias científicas cuya fuente se indica al final. Por el contrario, cuando los empresarios de la industria de la incineración afirman que “las incineradoras nunca han matado a nadie”, no pueden aportar ningún estudio epidemiológico que avale semejante afirmación y suelen apoyarse en estudios financiados… por la industria incineradora [2] .
La desinformación comienza por el lenguaje. En un avance semántico innegable, el sector de la incineración ha modernizado su lenguaje y las incineradoras de residuos se llaman ahora unidades de valorización energética. Aunque este nuevo vocabulario no cambia nada la situación de las personas expuestas a contaminantes cancerígenos. Igualmente, cuando se dice que las incineradoras eliminan los residuos, desde un punto de vista científico es como afirmar que existen los Reyes Magos. En realidad, los contaminantes que salen de estas instalaciones se llaman metales pesados: plomo, cadmio, mercurio… Y desde un punto de vista químico, el fuego no puede destruirlos. Y es ahí donde empiezan las complicaciones para la salud. Si el fuego no puede eliminar los residuos que entran en el horno, entonces ¿a dónde van a parar? La respuesta es sencilla: los residuos vuelven a salir y por si fuera poco, algunos se combinan para crear nuevos contaminantes, todavía más perniciosos.

Cinco vertederos por incineradora
Se nos cuenta que una incineradora evita la existencia de vertederos, cuando en realidad necesita cinco. Una instalación que trate 200.000 toneladas anuales de basura produce 6.000 toneladas de residuos altamente tóxicos llamados cenizas volantes, que deben almacenarse en depósitos especiales. También produce 60.000 toneladas de escoria. Dependiendo de su contenido en sustancias contaminantes, parte de esta escoria va a los vertederos de residuos municipales.
Otra parte, considerada oficialmente como inocua, se utiliza para hacer carreteras o se vierte en los taludes pero “a una distancia mínima de 30 metros de cualquier cauce de agua”. Cuando se sabe que, además, estas cenizas contienen altas dosis de dioxinas, un contaminante cuya toxicidad para el ser humano se cuenta en millonésimas de millonésimas de gramo, nos acordamos de George Orwell, que en su novela “1984” describe una sociedad fascista en la que la propaganda consiste, entre otras cosas, en invertir el sentido de las palabras. Así, para motivar a la carne de cañón, la frase es “la guerra es la paz”, y para controlar la natalidad, el Gran Hermano decreta que “el amor es odio”. En este principio de siglo XXI, el Ministerio de la Ecología [3] nos prepara un mundo maravilloso en el que se esparcen en la naturaleza contaminantes ultratóxicos, y lo llama valorización.
El que la industria de la incineración produzca más de 3 millones de toneladas de escorias anuales y que el vertido de residuos domésticos cueste más de 50 € la tonelada podría explicar, quién sabe, esta sinrazón… Pero lo que es seguro es que esta contaminación proporciona pingües ganancias a empresas como Suez, Vérolia, Bouygues y EDF, dueñas de las mayores incineradoras de Francia. Otro de los vertederos utilizados por ellos es la naturaleza, puesto que los contaminantes emitidos a la atmósfera tarde o temprano caen al suelo. De este modo, y con toda impunidad, una incineradora puede verter dioxinas y metales pesados en un prado sin que la acusen de vertidos ilegales.

También conviene saber que aunque los contaminantes que salen de las chimeneas se dispersan sobre amplias superficies, el fenómeno de la bioacumulación se encarga de concentrarlos. Así, una molécula de dioxina depositada en la hierba es absorbida por una vaca y acaba en nuestra bandeja de quesos, por ejemplo. Por lo tanto, podemos decir que la industria incineradora utiliza la grasa humana para almacenar sus residuos cancerígenos, transformándonos lentamente en un vertedero con patas. Sin embargo, estos empresarios no dudarán en tratarnos de malos ciudadanos si no aprobamos con entusiasmo la solución que han elegido.Y eso a pesar de que saben perfectamente lo que hacen, pues se entretienen regularmente en realizar medidas de los humos que emiten. De modo absolutamente oficial, se encuentran en estas emisiones unas sustancias que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha clasificado como cancerígenas para el ser humano, como las citadas dioxinas y los metales pesados.


Temores fundados

En buena lógica, podría temerse que la dispersión de sustancias cancerígenas provocara cáncer en los vecinos, y la ciencia confirma este temor. Un estudio epidemiológico realizado por la Facultad de Medicina de Besaçon sobre la incineradora de la ciudad concluye que “el riesgo de desarrollar un linfoma maligno no Hodgkiniano es 2,3 veces superior para los individuos que residen en la zona más expuesta a la caída de dioxinas que para los individuos que residen en la zona menos expuesta” [4] . Otros estudios confirman estos resultados [5] . Pero aun cuando vivamos lejos de cualquier incineradora, nuestra salud está en peligro porque toda la población está contaminada en un 90% a través de los alimentos. El Ministerio de la Ecología calcula que entre 1.800 y 5.200 personas mueren en Francia cada año por cánceres provocados por dioxinas [6] , y una de las principales fuentes de emisión de dioxinas son las incineradoras.
Pero las incineradoras no sólo matan provocando cáncer. Los estudios oficiales demuestran que también dispersan a su alrededor sustancias teratógenas (que provocan malformaciones congénitas). La ciencia vuelve a confirmar los temores: un estudio del Instituto Nacional de Salud e Investigaciones Médicas sobre las 70 incineradoras de la región Rhône-Alpes concluye que “globalmente, se observan riesgos significativos para la población para dos tipos de malformaciones: anomalías cromosómicas y otras malformaciones mayores” y “en el conjunto de malformaciones congénitas […] se observa una diferencia de incidencia muy significativa, con un riesgo mayor en la población expuesta después de la puesta en marcha de la incineradora”. El estudio también destaca en las proximidades de las incineradoras un “riesgo elevado y significativo […] de cavidad oral, displasia renal, megacolon tóxico y anomalías urinarias” [7] . Más estudios confirman estos resultados [8] .
Estos informes contrastados excluyen el azar como explicación racional y constituyen lo que se da en llamar evidencia científica. No obstante, la Agencia del Medio Ambiente y el Control de la Energía (Ademe) estima que “no puede establecerse de modo categórico una relación causa-efecto” y que “el estilo de vida” podría explicar la concentración de niños con malformaciones alrededor de las incineradoras. Por eso más de 150 incineradoras siguen envenenando a las mujeres embarazadas, haciendo penetrar en su cuerpo sustancias teratógenas que llegan al feto.
Consciente del problema, la industria incineradora, que nunca ha destacado precisamente por su sutileza, bate su propio récord olímpico de la mentira y pretende que la solución del futuro es… ¡construir incineradoras más nuevas!


Toneladas de mercurio en el aire

La codicia puede más que cualquier estudio científico. Primero se presentaron las instalaciones construidas en los años 90 como “nuevas” y “sin riesgo”. Hoy en día, los mismos individuos nos dirigen el mismo discurso. Sus hornos siguen utilizando las parrillas, como en el siglo XIX, pero se atienen a nuevas normas de emisión. Por ejemplo, el mercurio se limita a 0,05 miligramos por metro cúbico. Qué poco, ¿verdad? El único problema es que quemar una tonelada de basura produce 6.000 m3 de humos, o sea que una instalación que queme 200.000 toneladas anuales emitirá más de 20.000 millones de m3 de gases en sus 20 años de vida útil mínima. Esta acumulación supone que será más de una tonelada de mercurio lo que se enviará al aire que respiramos. Pero es que este metal pesado es tóxico para la reproducción a muy pequeñas dosis.
Otro ejemplo: la incineradora de St-Ouen, en la región parisina, se presenta regularmente como conforme a las nuevas normas. Sin embargo, sus cifras oficiales de contaminación anual para dioxinas la revelan como una de las más sucias de Francia [9] . La explicación es sencilla: es más grande que las antiguas, quema más residuos y expulsa más dioxinas.
En salud pública, la exposición crónica a un contaminante bioacumulable provoca enfermedades como el cáncer. Un niño que nace y vive en las proximidades de una incineradora durante sus primeros diez o quince años de vida se verá sometido a una dosis peligrosa. Sobre todo teniendo en cuenta que las nuevas normas sólo contemplan 20 contaminantes cuando una incineradora escupe millares de sustancias nocivas [10] . Por ejemplo, no se tienen en cuenta los PCB, de los que la OMS estima que una vez que entran en los alimentos multiplican por tres las cifras que se dan para las dioxinas [11] .
Para completar la broma hay que saber que la inspección por sorpresa no se aplica a las dioxinas: las instalaciones saben de antemano cuándo serán controladas. Mientras, la ministra de la Ecología afirma que una incineradora “moderna” puede ser “altamente ecológica” [12] .
Lo más asombroso reside en la ceguera de los responsables políticos, que siguen sin comprender que acabarán yendo a juicio por envenenamiento con consecuencia de enfermedad mortal o malformación congénita. Porque es evidente que la cuestión no es saber si el juicio por dioxinas tendrá lugar, sino cuándo. El CNIID se ocupa de ello.
Solamente después de que el Estado ponga en marcha una verdadera política de reducción en origen se podrá pedir con fundamento a los ciudadanos que acepten un sistema de tratamiento para la fracción resto al lado de su casa. Podrá ser reciclaje o compostaje en lugar de la incineración, de la que la propia Ademe dice que “genera escaso empleo”.
Mientras tanto, ninguna ley nos obliga a servir de cobayas a la industria de la incineración, sobre todo ahora que ya sabemos el resultado del experimento químico que nos aguarda.
La incineración de residuos:

  1. disemina las sustancias nocivas, envenenando el medio ambiente, nuestros cuerpos y los alimentos,
  2. produce cenizas tóxicas,
  3. destruye gran cantidad de recursos que podrían aprovecharse,
  4. atenta contra el reciclaje y la prevención de la generación de residuos,
  5. drena el dinero de la economía local para pagar una tecnología costosa,
  6. genera muchos menos puestos de trabajo que los programas de gestión ecológica de los residuos.

Cementeras: peor que las incineradoras
España es el país que más cemento consume per cápita del mundo. Según el Ministerio de Medio Ambiente, en el territorio español existen 12 incineradoras de residuos municipales, pero no dice que hay 39 cementeras que en mayor o menor medida utilizan como combustible distintos residuos como aceites, neumáticos o blending, un carburante obtenido a partir de los residuos. Al convertirse los cementeros en gestores de residuos entran en competencia desleal con alternativas de gestión más sostenibles ambientalmente y por tanto, más caras, basadas en la reducción, la reutilización, la recuperación y el reciclaje. Además, las fábricas de cemento no deben someterse a unas normas tan estrictas como las que rigen las emisiones de las incineradoras, por lo que son más contaminantes.
Hay alternativas
– La incineración de residuos está prohibida en el Condado de Alameda, una de las regiones más importantes de California, cuyo desarrollo tecnológico no puede considerarse atrasado precisamente.
– El grupo francés del sector alimentario Bonduelle declara que para su suministro de verduras “están prohibidas las zonas de cultivo bajo influencia de actividades contaminantes”. El primero de estos puntos negros, según Bonduelle, son las incineradoras [13] .
– En 2001, Irlanda consumía 1.000 millones de bolsas de plástico anuales. En 2002, el ministerio de Medio Ambiente introdujo un impuesto de 0,15 € por bolsa y el consumo se redujo de golpe en un 90%.
– En 1989, el estado de Massachussets (EE UU) dictó una ley que exigía que la industria evaluara su potencial de reducción de residuos en origen. En diez años Massachussets consiguió reducir a la mitad su producción de residuos tóxicos al tiempo que las empresas recortaban significativamente sus gastos de tratamiento de residuos.
– Ni siquiera los residuos hospitalarios necesitan ser incinerados. El hospital de Roubaix, uno de los más grandes de Francia, trata sus residuos en autoclave (vapor de agua y presión) para desinfectarlos.

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Notas y referencias
——————————————————————————–
[1] Este artículo se publicó en el boletín del CNIID (Centre National d’Information Indépendante sur les Déchets/Centro Nacional de Información Independiente sobre los Residuos) en enero de 2004. http://www.cniid.org
[2] El estudio Incineración de residuos y salud pública, de la Sociedad Francesa de Salud Pública, 1999, se financió en parte con fondos de la Federación Nacional de Actividades de Residuos y de Medio Ambiente.
[3] Equivalente al Ministerio de Medio Ambiente español
[4] Viel et al. Emissions de dioxines par l’usine d’incinération d’ordures ménagères de Besançon et risque de lymphome malin non-hodgkinien. Epidemiology, 2003, p.2
[5] E. Knox. Cancers chez l’enfant, lieux de naissance, incinérateurs et décharges, International Journal of Epidemiology, junio 2000.
[6] Comité de prévention et de précaution. Recommandation dioxines , 1998, p.10
[7] Risques de malformations congénitales autour des incinérateurs d’ordures ménagères, Inserm, 2002, p. 1 y 39.
[8] T. Dammer. Grossesses autour d’incinérateurs et de crématoires aboutissant à des enfants malformés, Journal of Epidemiology and Community Health, 2003.
[9] En 2005 estuvo varias semanas emitiendo cantidades de contaminantes miles de veces superiores a las permitidas, N. de la T. Ver http://www.environnement.gouv.fr
[10] K. Jay, L.Steiglitz. Identificación y cuantificación de los compuestos orgánicos volátiles en las emisiones de las incineradoras de residuos, Chemosphere, 1995.
[11] OMS: Evaluación de los riesgos de las dioxinas para la salud: nueva dosis diaria admisible, 1998, p.24
[12] Roselyne Bachelot, Agen, septiembre de 2002
[13] Contrato de suministro, Bonduelle, noviembre 2000, p.2.


FINANCIAMIENTO DEL BANCO PARA TECNOLOGÍA CONTAMINATE: El Banco Mundial y la incineración
Por Neil Tangri, Essential Action
Para GAIA: Global Alliance for Incinerator Alternatives/ Global Anti-Incinerator Alliance
El informe completo puede leerse en http://www.no-burn.org
REUMEN

El Grupo del Banco Mundial promueve tecnología contaminante

La incineración es un método peligroso, costoso y no sustentable para el tratamiento de desechos. No obstante que el Grupo del Banco Mundial (GBM) sabe del riesgo para la salud y la carga económica que implica la incineración, sigue promoviendo esta tecnología contaminante. De acuerdo con documentos del GBM que pueden consultarse en sus páginas electrónicas, desde 1993 hay por lo menos 156 proyectos que incluyen la incineración en 68 países, y 26 proyectos desde 2001.

Recommendations to the
World Bank Group

  • Institute an Operational Policy that will prohibit projects that include waste incineration.
  • Stop disseminating publications that endorse incineration, or amend them to remove endorsements of incineration.
  • Institute an Operational Policy that will prohibit projects not compliant with the U.N. Stockholm Convention on POPs, regardless of the Convention’s legal statue within the host country.

Cumpliendo su papel de organismos crediticios y asesores en materia de diseño de políticas las instituciones que conforman el GBM promueven el uso de la incineración de desechos industriales, hospitalarios y municipales (incluyendo desechos de proyectos turísticos). Este manejo de los desechos ocasiona un desperdicio de recursos y produce emisiones peligrosas. En particular, resulta especialmente peligrosa la incineración de diversos desechos que producen proyectos impulsados por el GBM desde 2001; tal es el caso de la incineración de residuos de plaguicidas y compuestos organoclorados, la cual implica producir mayores cantidades de contaminantes extremadamente peligrosos. Entre los compuestos organoclorados incinerados se encuentran productos derivados de PVC y PCB.

Preocupaciones económicas y sobre la salud han forzado a reexaminar la viabilidad de la incineración en todo el mundo, a tal punto, que se encuentra en franco cuestionamiento en países cuya importancia para el Grupo del Banco Mundial es determinante. Tal es el caso de Estados Unidos y Japón, además de otros países con gran capacidad de endeudamiento como India. En Filipinas, por ejemplo, desde 1999 quedó prohibida la incineración.
El Convenio de Estocolmo de Naciones Unidas sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP), de 2001, es un tratado internacional que obliga a las partes a reducir ciertos COP, entre ellos dioxinas y furanos, e identifica la incineración como la fuente más importante de dichas sustancias. Para mantener consistencia con sus metas declaradas de “desarrollo sustentable” y compromiso público con la reducción y eliminación de emisión de COP en los países en desarrollo, el GBM debe unirse a la Convención de Estocolmo deteniendo de inmediato el financiamiento otorgado a proyectos que incluyen la incineración.

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ESTUDIO DE BÉLGICA CONFIRMA LA RELACIÓN ENTRE EMISIONES DE LOS INCINERADORES Y EL CANCER.

Un estudio realizado por la Plataforma Belga por el Medio Ambiente y la Salud en Sint-Niklaas, Bélgica, confirmó que existe relación entre las emisiones de los incineradores y varios problemas en la salud, incluyendo varios tipos de enfermedades respiratorias y de cáncer. Sint-Niklaas, un centro comercial, industrial, y de transporte ubicado en la región de Waas, con una población de 40.000 habitantes, hospeda un incinerador de residuos que trata 55.500 toneladas de residuos por año, y que fue construido en medio de un área residencial. El informe, titulado “De Mispelstraat (Medlarstreet): Living Under the Smoke of a Waste Incinerator” [“De Mispelstraat (Medlastreet): Viviendo bajo el Humo de un Incinerador de Residuos”] ha sido dedicado a los niños que han muerto de cáncer, y a aquellos que padecen enfermedades causadas por el incinerador de Sint-Niklaas, la única fuente industrial de emisión de dioxinas en el vecindario afectado. Durante 21 años, las cenizas del incinerador han sido depositadas y transportadas en contenedores abiertos. Hasta ahora, el incinerador ha estado operando sin filtro de nitrógeno.

La Organización No Gubernamental belga dirigió la investigación sanitaria en enero de 1998 en Medlastreet, vecindario situado a una distancia menor a los 300 a 900 metros del incinerador de residuos, en la dirección dominante del viento. La encuesta, administrada por un doctor de la Universidad Católica de Louvain, y un anestesista independiente, contó con la participación de 281 individuos de 88 de las 145 familias que tenía como objetivo. Los registros indican que 9 de cada 10 niños de entre 2 y 9 años tienen uno o más problemas de salud, incluyendo problemas en la respiración, infecciones en los tubos bronquiales, asma, alergias al polvo o a la leche de vaca, imposibilidad de cerrar la válvula estomacal, etc.

El estudio descubrió 33 casos de cáncer entre 145 residentes (18 masculinos y 15 femeninos), 1 de cada 4,4 personas en promedio. Veintinueve de los 33 casos de cáncer surgieron durante los últimos 10 años. Es muy sorprendente el número de personas jóvenes con leucemia y cáncer de glándulas, ocho de los cuales viven a menos de un kilómetro de distancia del incinerador de residuos. Mientras que la frecuencia de casos de cáncer fue más o menos igual a las expectativas normales de casos entre 1986-1988, fue 4,8 veces mayor que la expectativa normal de casos para Bélgica durante el período de 1995-1997.

Los casos de cáncer ocurren principalmente dentro de las direcciones dominantes del viento y en el vecindario inmediato a la planta incineradora. Los casos de cáncer decrecen cuando aumenta la distancia del incinerador. El estudio también indicó que mucha gente joven (mayoritariamente mujeres) que solía vivir en el vecindario en el que se encuentra el incinerador tiene problemas de fertilidad, con los embarazos y los nacimientos. Como resultado de sus propias observaciones, y por lo encontrado por otros grupos, la ONG belga fue capaz de trazar un patrón de quejas sobre temas relacionados con la salud que resultan de las emisiones tóxicas del incinerador de residuos de Sint-Niklaas.

Basado en el informe realizado por la Plataforma Belga sobre Salud y Medio Ambiente.

Para ver el informe completo en inglés, ticar en este enlace: www.milieugezondheid.be



Francia y Austria, a la cabeza de la incineración

La industria cementera busca desde hace tiempo hacerse cargo de la incineración de residuos tóxicos. A finales de 1999, el grupo español Hisalba, filial de la mayor multinacional del cemento, presentó su plan de incineración de residuos tóxicos. Mientras tanto, en al menos cinco plantas de cemento de Hisalba ya se queman residuos, como neumáticos, restos vegetales, aceites, disolventes y pinturas. Varios países europeos permiten la incineración en cementeras. Francia y Austria son los que más utilizan este sistema, aunque están en entredicho. Incluso, en Francia se queman residuos tóxicos españoles en algunas cementeras, a cambio de pagar 350 pesetas por kilo.
CCOO considera «inadmisible» esta práctica. Además de alegar que hay emisiones peligrosas de sustancias en la combustión, puesto que las cementeras no están pensadas para incinerar, alegan que los trabajadores de estas plantas asumen un trabajo con riesgos tóxicos. En la planta cementera de Carboneras ya ha habido más de un conflicto laboral por esta causa.

Para estudiar soluciones a la posible emisión de contaminantes y preparar técnicamente y sanitariamente al personal para tratar en las cementeras las harinas tóxicas, CCOO ha pedido una moratoria de tres meses para comenzar la incineración.



EDUARD RODRÍGUEZ-FARRÉ | MIEMBRO DEL COMITÉ CIENTÍFICO DE LA UEEl experto en toxicología opina que las incineradoras generan elementos que dañan la salud de las personas.JAVIER PEÑALBA

El experto Eduard Rodríguez-Farré.

FICHA

Nació el 26 de febrero de 1941, en Argeles-sur-Mer (Francia).

Director, entre 1985 y 2000 del Departamento de Toxicología y Farmacología del CSIC. Es vicedirector del Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona, CSIC.

.

Eduard Rodríguez-Farré, miembro del Comité Científico de la Dirección General de Salud de la Unión Europea, afirma que las plantas incineradoras de basura están en plena fase de recesión. Rodríguez-Farré ofrece hoy una conferencia dentro del simposium Incineración y Salud que se desarrolla en Donostia, en la sede del Colegio de Médicos de Gipuzkoa.

- ¿Las incineradoras perjudican la salud?

- Toda planta de incineración, ya sea cementera o química, por muy moderna que sea, tiene un grave problema: emite contaminantes; dioxinas y furanos, a parte de otros residuos. Estos elementos pertenecen a la relación de los doce contaminantes orgánicos persistentes que en el Convenio de Estocolmo, que fue ratificado por España, fueron prohibidos. En consecuencia, son productos a erradicar, sustancias que no deben producirse, porque no se generan de otra forma más que por incineración.

- ¿Cuáles son los principales problemas que genera en la salud?

- Hasta hace diez años se hablaba de que generaban cáncer. Es cierto que son agentes carcinógenos, pero muy especiales. El problema es que actúan modificando la expresión de los genes y esto genera toda una multitud de problemas de salud.

- ¿Las consecuencias se percibi-rían a largo o a corto plazo?

- Siempre, a largo plazo. Las dioxinas y los furanos, por altas que sean las dosis, no pueden matar a un animal inmediatamente. Ni siquiera la que se considera dosis letal actúa de manera fulminante, sino que lo hace a los treinta días como mínimo. Las dioxinas se van depositándo en vegetales y en los alimentos y lentamente penetran en el organismo.

- ¿Los filtros no los eliminan?

- La tecnología ha mejorado en este sentido. Desde mediados de los años noventa, la cantidad de dioxina está descendiendo. Esto se debe a dos causas, una a que la tecnología más sucia se está desplazando a Marruecos, y, otra, a la implantación de mejores filtros. A pesar de todo, ni las mejores tecnologías funcionan a la perfección; siempre se emite algo. Las emisiones detectadas en incineradoras que se han considerado tecnológicamente avanzadas, después de un tiempo acaban emitiendo cantidades detectables.

- ¿Qué sectores de la población se verían más afectados?

- Es evidente que alrededor de estas instalaciones, las posibilidades de contaminación son mayores. Sin embargo, las dioxinas se expanden enormemente, hasta el punto de que se encuentran incluso en los polos Norte y Sur. Hay personas que tienen más posibilidades de padecer manifestaciones clínicas. El problema no es tanto el cáncer que genera, sino la disrupción endocrina. Actúan modificando el sistema hormonal humano. Y es en los niños donde está el punto más vulnerable. La sensibilidad de un adulto no es la misma que la de un niño o un feto. Las dioxinas se acumulan en la grasa. Las madres lactantes las eliminan a través de la leche, con lo que los niños, en casi toda Europa, reciben mayores cantidades de las admisibles

- ¿Existe al respecto un criterio unánime en la comunidad científica?

- Los efectos están demostrados, tanto en experimentación animal como en estudios epidemiológicos.

- ¿Por qué cree entonces que las autoridades políticas han apostado por esta solución?

- Tendría que preguntárselo a ellos. En principio, es una tecnología que no debería ser utilizada. Habrían de recurrir a otros métodos. No soy experto en ello.

- Es usted asesor en Medicina del Gobierno de Cataluña. ¿Cuál es la postura del Ejecutivo catalán respecto a las incineradoras?

- El Gobierno catalán, antes de que en la UE y en España se estableciesen criterios en este sentido, fue el primero en elaborar un decreto que fijó el máximo admisible de emisiones de 0,1 nanogramos por metro cúbico. Incluso creó comisiones de seguimiento. Pero a partir de un momento dejaron de convocarlas porque lo que se estaba emitiendo superaba lo razonable. El proceso quedó paralizado. La ley existió pero no se aplicó. Actualmente, las incineradoras están en recesión.

- ¿También están en recesión en otros países europeos?

- La dinámica en Europa es la restricción. Lo que ocurre es que de un país a otro varía enormemente. Los que suscribieron el Convenio de Estocolmo se comprometieron a eliminar la generación de dioxinas y furanos. Algunos estados, como Alemania y Holanda, han sido muy restrictivos. Otros han mejorado la tecnología y algunos las han desplazado a países del tercer mundo. Éstos, como son pobres, no protestan.

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